Qué hacer cuando el dolor no te da tregua

Puede que estés en ese momento en el que piensas ¡Vida, te estás pasando conmigo ya! ¿No?

El dolor llega un punto el que se apodera de todo, de tu trabajo, de tus amigos, de tu familia, de tu paz, de tu alegría, de tu casa, de tu felicidad, de tu ocio… TODO.

Llega a ser desesperante ¿Reconoces esta escena?

Te despiertas un nuevo día, te convences de hoy será diferente, pero pones los pies en el suelo para levantarte de la cama y ¡Dios!

De nuevo duelen la espalda, las plantas de los pies, los tobillos y hasta las muñecas cuando intentas ayudarte con las manos para ponerte en pie.

En ese mismo instante el mismísimo demonio miedo se apodera de ti:

¡Otra vez no! ¡Ya no puedo más! ¡Otro día que no podré hacer nada! ¿Cuánto vas a durar esta vez? ¡Qué nadie me pregunte, por favor!….

Seguido de una conversación interna tipo…

«No vales para nada, con lo que tú has sido», «Espero que al menos puedas hacer lo mínimo o salir a dar un paseo, ¡ya sabes lo que te dijo el médico!», «Si me preguntan diré que estoy bien, seguro que la gente está cansada de mi»….

En mitad de la batalla campal de tu mente, un calambrazo recorre todo cuerpo, ¿Qué ha sido eso? ¿más dolor aún?

Te saca de ahí, y te mete en la cama de nuevo. Lloras desesperada, te lamentas, te rindes. No puedes más.

Yo pasé así año y medio de mi vida y me di cuenta que con la culpa, el miedo y el autofustigamiento no iba a donde quería estar. Hoy quiero enseñarte el proceso inverso. 

En vez de enfadarte con el dolor, quiero que lo oigas.

El otro día me preguntaron «Si pudieras dar un sólo consejo para paliar un dolor crónico, ¿cuál sería?» y yo le dije

Atiende el mensaje que trae tu dolor. Escucha qué ha venido a decirte. 

Cuando duela de nuevo, párate y busca en tu interior:

  • ¿Dónde hay incoherencia?
  • ¿Dónde exceso de ansiedad?
  • ¿Dónde exceso de estrés?
  • ¿Dónde exceso de soledad?

 

Hay un refrán en referencia a las relaciones que dice… “si duele, no es tu talla” haciendo un símil con la talla de los zapatos.

Pues yo lo hago extensivo a la vida, “si duele, no es tu talla”.

El cuerpo es nuestra parte física, pero somos mucho más que eso, y lo que le pasa al cuerpo es la forma de exteriorizar y hablarnos.

Soy de la opinión que el dolor se cronifica cuando no se le ha atendido.

No me refiero a que hayas pasado de él olímpicamente, no.

Si no que no te has parado a escuchar de dónde viene, qué mensaje trae.

Lo habitual es callarlo a base de medicamentos, terapias y tratamientos paliativos, y darle de comer en base a culpa, juicios, miedo, lucha.

Hay determinadas formas de hablarte y actuar que alimentan tu dolor, que lo están haciendo más fuerte, lo mantienen y lo hacen más grande.

¿Sabes si lo haces? ¿Qué pasa por tu cabeza y tu corazón cuando lees las preguntas que te hago más arriba? Cuéntame en comentarios y charlamos.

Nos vemos pronto.

Por cierto, si quieres algo muy muy práctico para aprender a calmar el dolor y «matarlo de hambre», haz click aquí abajo.

Quiero calmar mi dolor

¡Quiero aliviar mi dolor!

Me apunto

Soy Sandra educadora, psicopedagoga y coach en procesos de cambio. Guío a personas con fibromialgia a recuperar su vitalidad, salud y alegría con mi método propio holístico y de autoconocimiento. Como tú, sé lo que es sentir dolor, incomprensión, soledad y verte sobrepasada por las circunstancias que rodean a la fibromialgia. Juntas podemos ganar a la fibromialgia y vivir con mayúsculas.

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