¿Qué hacer cuando quieres que las cosas cambien?

Ya sabes que me encanta madrugar. Ayer cuando salí a pasear con Bimba, aún era de noche y llovía. Podía haberme hecho la remolona y quedarme otro rato en la cama, pero era momento de volver a conectar.

Puede resultar raro leerme, pero hoy quiero explicarte el significado que tiene para mi mojarme bajo la lluvia.

Recuerdo que de pequeña me encantaba ver llover, no me importaba en absoluto no llevar paraguas si llovía; y si podía, saltaba en los charcos ¿Te suena?

También recuerdo cómo me alucinaba ver las tormentas de verano mientras jugaba dentro de la piscina en el chalet de mis tíos maternos en Cerro Muriano. Para mi no existían ni el peligro, ni las supersticiones, me dedicaba a disfrutar el momento.

Con el tiempo esto lo fui perdiendo, las circunstancias familiares, la educación recibida, y mi forma de ser, me fueron sumiendo en un estilo de vida basado en cumplir normas y obligaciones o, en saltármelas y sentirme culpable 🙂 (mi rebeldía nunca se fue del todo).

Y así día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que la fibromialgia llamó a mi puerta para decirme “¿Qué leches estás haciendo con tu vida, en que se parece esto a lo que soñaste?”

Unos años más tarde cumplí uno de mis deseos aparcados (más bien dos de ellos): Viajar sola y hacer el Camino de Santiago.

Ambas cosas las dejaba por unas cosas o por otras… básicamente por no tener que dar explicaciones y por miedo.

Así que me decidí a cumplir estos dos sueños, en pleno Junio, con un calor de justicia, y con mi mochila llena de ropa de verano, y el primer día de Camino… comenzó a llover a mares (sin ropa adecuada y cagándome en todo -para que te voy a engañar-)

*Aquí puedes leer mi aventura.

A lo que iba, con el paso de los años, fui aprendiendo a quejarme casi por todo, aunque fuesen cosas que no dependían de mi, aunque fuese imposible cambiarlo…

Así que pasé dos días enfurruñada por la climatología, hasta que en el tercer día y calada hasta los huesos, me di cuenta que no pasaba nada, que mojarse no era malo. Y no solo eso, en un momento determinado me pillé sonriendo y saltando sobre un charco.

La Sandra original había vuelto y había aprendido cómo conectar con ella.

Y además, había aprendido la paz que trae la aceptación de aquellas cosas que no podemos cambiar. (Cuántas veces nos empeñamos en cambiar las cosas para que sean a nuestro gusto, y nos enfadamos, nos frustramos, enfermamos…, parece absurdo así dicho, pero es así, a mí al menos me pasa)

Saber que no todo depende de una, que hay algo más grande, que pertenecemos a algo que va más allá de nuestro control, me hizo valorar la grandeza de la lluvia, del camino, de la vida, del Universo.

Las sensaciones  y emociones de aquel momento y de cómo viví el resto de la aventura fueron tan maravillosas, así que ahora, cuando llueve, salgo a buscarlas.

Y es por eso, que me gusta mojarme bajo la lluvia.

DEJA DE PARCHEAR TU MALESTAR.

Empodera tu bienestar y sácate a flote.
Apúntate a mi newsletter y recibe cada semana “La Cartita” junto al ebook de regalo.

Me apunto

Soy Sandra educadora, psicopedagoga y coach en procesos de cambio. Guío a personas con fibromialgia a recuperar su vitalidad, salud y alegría con mi método propio holístico y de autoconocimiento. Como tú, sé lo que es sentir dolor, incomprensión, soledad y verte sobrepasada por las circunstancias que rodean a la fibromialgia. Juntas podemos ganar a la fibromialgia y vivir con mayúsculas.

Deja un comentario.